La primera cita después de años
Lo que nadie te cuenta de volver a salir con alguien cuando llevas media vida sin hacerlo.
Volver a quedar con alguien después de una relación larga tiene algo de irreal. Las reglas cambiaron, el escenario cambió, y encima hay un detalle incómodo: la última vez que hiciste esto tenías veinte años menos y otra idea de casi todo.
Conviene bajar las expectativas de la noche, no las tuyas. Una primera cita no es una audición ni una decisión sobre el resto de tu vida. Es una conversación de un par de horas para averiguar una sola cosa: si te apetece una segunda.
Antes de salir
No te prepares para gustar. Prepárate para estar cómoda. Ropa con la que puedas sentarte, caminar y respirar; un sitio que conozcas si eso te tranquiliza. La comodidad se nota y relaja a los dos.
Que sea corto y de día, si estás nerviosa. Un café a las siete tiene salida natural. Una cena de tres horas con alguien con quien no conectas es larguísima, y encima genera compromiso de sobremesa.
Avisa a alguien. Dónde vas y con quién. No es paranoia; es sentido común, sobre todo si la persona viene de una aplicación y no de un círculo conocido.
Durante
Lo que más ayuda es dejar de tratarlo como examen. No estás demostrando nada: estás mirando.
Presta atención a cosas concretas en vez de a la química, que en la primera hora engaña bastante:
- Cómo trata a quien atiende la mesa.
- Si pregunta y escucha la respuesta, o solo espera su turno para hablar.
- Cómo habla de su ex. Un poco de resentimiento es humano; un monólogo entero es información.
- Si respeta un "no" pequeño —no quiero postre, prefiero pagar lo mío— sin insistir.
Ese último punto vale más que cualquier otro. Cómo alguien reacciona a un no minúsculo predice bastante bien cómo reaccionará a uno importante.
Lo que suele sorprender
Que hablar de tu vida cansa. Resumir veinte años en media hora es un trabajo. Es normal salir agotada aunque haya ido bien.
Que la comparación aparece sola. Vas a comparar con tu relación anterior, aunque no quieras. No pasa nada; solo conviene saber que lo estás haciendo, porque los primeros meses distorsionan mucho el juicio.
Que la falta de chispa no siempre es definitiva. A esta edad, mucha gente está oxidada en esto. Alguien puede estar tenso la primera vez y ser una persona estupenda la tercera. La regla útil: si no hay rechazo y hubo curiosidad, una segunda cita no cuesta nada.
Sobre las prisas
La urgencia es mala consejera en cualquier edad, pero a los cuarenta y tantos aparece con un argumento nuevo: la sensación de que ya no hay tiempo que perder. Es justo el pensamiento que lleva a aguantar cosas que a los treinta no habrías aguantado ni una semana.
Tienes menos tiempo que a los veinte, sí. Precisamente por eso conviene no gastarlo en algo que ya sabes que no funciona.
Si sale mal
Sale mal muchas veces. Es parte del proceso, no una sentencia sobre ti. Una cita floja no significa que hayas perdido el atractivo, ni que no quede nadie interesante, ni que estés fuera de tiempo.
Significa que esa persona y tú no encajasteis en un café. Eso pasaba también a los veinticinco; lo que cambia es que ahora lo cargamos con demasiado significado.